PREVENTA de ARAETÉ: UN CANTAR NECESARIO

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"No sirvo para cantar"

 “No tengo voz … no sé cantar”

“No-tengo-voz!”

Cada vez que alguien afirma estas frases se termina de cerrar un nudo invisible en cada garganta. Un nudo de plomo. Y la propia voz se retira, se encoge, calla.

La colonización no sólo fue territorial. Fue y es física, mental y espiritual. Es sobre nuestras voces, y el poder que tomamos al cantar.

Considero necesario volver a revisar el significado de algunas palabras de cosmovisión tupí guaraní por la Sabiduría que portan, y por  que estoy convencida que las necesitamos. Necesitamos escuchar estas voces antiguas. Extirpar, oprimir, separar, ignorar, hacer callar, son acciones que -sostenidas en el tiempo-, nos enferman. Portamos en nuestra Voz, muchas más formas y maneras de decir que las permitidas culturalmente. Nuestra Voz es Inmensidad y podemos volver a disfrutarla retomando una experiencia  ancestral, un canto colectivo que decidí llamar Araeté.

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Sobre la autora: 

Beatriz Jiménez: Nací y me crié en Paraná (Entre Ríos). De niña fui a la Escuela de Música durante 6 años, y dos años estudié piano de manera particular. Empecé a los 6 años, harta dejé todo a los 14. Me dediqué al deporte en grupo.

A los 16 retomé  guitarra (autodidacta) y dos años después empecé a estudiar flauta traversa de manera particular. Luego me fui a estudiar Musicoterapia a Buenos Aires recibiéndome de Licenciada.

Trabajé en hospitales de día (Hospital Álvarez); en docencia (Escuela Del Sol ); estuve a cargo de talleres de música en contextos de encierro (Penal de Mujeres "menores" de Ezeiza  a través de la Fundación Música Esperanza). A la par estudié en la Escuela De Música Popular (Avellaneda). Percusión en la Escuela de Tres Golpes (Horacio López). Tomé clases de canto y participé en el coro de la Universidad. También tomé talleres de danzas (afro y tango). Fui ayudante de cátedra en "grupo Musical" dictado por Hiro Nakamura.

De regreso a Paraná volví a ser docente en escuelas (2002), a coordinar talleres de percusión (adolescentes: centro de día San Agustín, hmna Mariana/Cintia Muller). Canté en coros (Cintia. UTN, UCA) y en Murga. Seguí tomando clases de canto en Paraná y Santa Fe. Estudié guitarra y acordeón. Trabajé en Hospital de Día del Hospital Escuela de Salud Mental.

Pero sobretodo viví un quiebre, una gran conmoción cuando pude conocer el lugar de donde venía mi padre y acercarme a un idioma que portaba, pero que no conocía. Empecé a estudiar guaraní con un amigo de mi padre y a cantar en guaraní. Formé un dúo "Ngululú" (Murmullo del Agua que corre) donde hacíamos canciones del litoral y en guaraní.

A partir de reencontrar mi "otro idioma" fui eligiendo trabajar con nuestros instrumentos musicales más ancestrales: la percusión y la voz. Me dediqué a eso, a dar talleres para descubrir o redescubrir nuestra musicalidad innata, la que en general tenemos obstruida y con poco espacio para desarrollarse.

Hoy, en medio de éste mundo que escucha poco y aturde mucho, quiero compartir la posibilidad de experimentar un cantar atávico.

Un cantar capaz de despertar nuestra Voz/ Alma y de abrir cantando nuestras gargantas.

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